El español es el mejor idioma del mundo

Por: Carla Bauzá | OGMA Language Studio 

El español es el mejor idioma del mundo. Punto. Sí, sí hay más personas que hablan cantonés, no podemos dudar que el portugués tiene más flow que la seda y el francés es súper sexy, pero a la verdad que no hay nada como el español.

Empecemos con que es hermoso. Entre la claridad de sus vocales y la gracia con que se columpia de una consonante a otra, cualquiera se enamora. La entonación que tiene que proyecta tanta seguridad y, en mi humilde opinión, los acentos son parte de lo que le da vida al español. Corazón no sería lo mismo sin ese choque de fuerza en la última sílaba que casi pareciera un latido. El español está vivo.

Lo interesante es que siempre he pensado que es un idioma que tiene mucha personalidad. Tiene una gran presencia y casi casi nos dicta a nosotros cómo hablamos. Nos encanta inventarnos palabras, pero también somos expertos en adoptar los neologismos como más nos plazca. Cuando otras palabras vienen del inglés le damos un twist bien divertido. Como tuit, béisbol, janguiar, champú o güisqui (esto es algo real, búsquenlo aquí si no me creen).

Irónicamente, somos súper celosos con las palabras que muy exclusivamente entran al mundo súper secreto de la Real Academia Española. Y, aunque no tenemos la mayor cantidad de palabras, son las que más peso cargan. O sea, una palabra como melancolía carga mucho más valor poético que triste. Por algo se le conoce como el lenguaje del amor. Así que, si te vas a enamorar, que sea en español.

 

Creo, no obstante, que lo que más me encanta del español es la variación extraordinaria entre una región hispanohablante y otra. Tenemos palabras que significan cosas diferentes en países diferentes, algunas que solo significan algo bien específico para un grupo de personas en Ponce, nos inventamos conjugaciones verbales y hasta pronombres personales (vos sabés quienes son) y, famosamente, “en [inserta el nombre de tu país aquí] decimos empanadilla, no empanada”. Sin gafas algunos no pueden leer y otros tienen que buscar la manera de proteger sus ojos del sol. Y tomar la guagua puede ser algo cotidiano para una cultura y completamente absurdo y gracioso para otra.

Con la cultura cambia mucho, pero al final del día los que hablamos español tenemos un sabor único por dentro. Nuestras abuelas lo saben todo, el cristianismo es cuasi obligatorio, nos encanta la fiesta y nos une la belleza del idioma castellano.

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