Reseña: Los irrespetuosos, por Fernando Picó

Yanitza Montero Rivera | Libros787.com

Todos y todas, en algún momento de nuestras vidas, hemos faltado el respeto y nos han faltado el respeto, de manera consciente o inconscientemente. El historiador puertorriqueño, Fernando Picó, en el libro “Los irrespetuosos”, publica una muestra representativa de los irrespetuosos del siglo XIX, enfocándose, principalmente, en los Utuadeños. Para poner el libro en su contexto histórico, Puerto Rico aún estaba administrado por un gobierno español católico y conservador, al igual que había mucho flujo de inmigrantes estableciéndose en la isla. Por tal razón, cualquier acto que no iba en acorde con los decretos, reglamentos, normas, etc., establecidas era considerado un acto de irrespetuosidad. También para este periodo, durante las primeras décadas de este siglo decimonónico, la mano de obra estaba en escasez. A raíz de esto, en el año 1849, el gobernador Juan de la Pezuela estableció un Reglamento, en el cual quedaba estipulado que todo habitante mayor de 16 años que careciera de riquezas o alguna profesión, era considerado jornalero, con el objetivo de aumentar la mano de obra. Por consiguiente, todo jornalero tenía la obligación de inscribirse ante el juez de su pueblo y siempre llevar consigo una libreta. Es por la existencia de esta libreta que el periodo entre 1849-1973 se le conoce como el “Régimen de la libreta”, porque en ella se anotaba todo: su salario, su trabajo, su conducta, etc. Todo jornalero que se encontraba en la calle, sin razón válida, era multado por amancebado y vago, ejemplos que presenta el autor en el texto.

El texto “Los irrespetuosos”, dividido en ocho capítulos, es otro ejemplo de la dedicación que Fernando Picó tuvo con la microhistoria, con el propósito de visibilizar esos sectores de la sociedad de los cuales rara la vez se escriben y que se categorizan como “marginados sociales”. En este texto, particularmente, el autor se enfoca en el discurso del respeto que se cuajó en esta época, específicamente, en el pueblo de Utuado. El autor decidió examinar los casos de varios utuadeños, pero, también incluye ejemplos de otros pueblos. Para la recopilación de estas “faltas de respeto”, utilizó como fuente primaria la sección de Relaciones de Multas, la cual se publicaba en el periódico la Gaceta del Gobierno de Puerto Rico, con una línea de tiempo de 1833-1855, aunque también incluye ejemplos de años anteriores y posteriores. A través de los capítulos, Picó muestra diversas situaciones de “faltas de respeto” categorizadas: jornaleros irrespetuosos que presentan resentimiento y resistencia al régimen de la libreta, hijos irrespetuosos, irreverencias religiosas al orden católico, faltas al orden público y, también, menciona la penalización que se les daba mediante multas, días de cárcel, trabajo forzado, entre otros. Entre los ejemplos que menciona: “Catalino Camacho es multado por cuatro pesos por falta de respeto al comisario de su barrio” (jornalero irrespetuoso), “Pedro Cortés por vago en rebeldía y resistencia armada con machetes y perros” (jornalero irrespetuoso), “Ruperto Carrión, espiritista, por ultrajes a la religión Católica y otros abusos...” (irreverencia religiosa), “Eusebio Pérez multado 4 pesos por correr en caballo en las calles” (faltas al orden público), “En 1854, seis jornaleros, por vagar en el pueblo sin ocupación, se le castigó con un día de obras públicas” (falta al orden público). Fuera de Utuado, hay un caso en Adjuntas, “Antolín Centeño, a pedimento de su legítimo padre Manuel, para corrección y escarmiento de haberle sido desobediente, sufrió 20 días desyerbando en la plaza y atrio de la iglesia” (hijo irrespetuoso) y otro en Barranquitas “Cristino Concepción por no quitarse el sombrero ni arrodillarse al encontrarse en la calle a su divina Majestad, 2 días de encierro por insolvente” (irreverencia religiosa). Estos son algunos de los muchos ejemplos que Fernando Picó expone en el texto, dándole al lector una mirada y perspectiva histórica de la vida cotidiana en el Puerto Rico del siglo XIX.

El autor decidió presentar el discurso del respeto de mediados del siglo XIX y según lo expuesto, el surgimiento y el desarrollo del discurso del respeto se relacionan al contexto histórico que se cuajó a raíz del desplazamiento social y económico de la élite criolla por inmigrantes peninsulares. De modo que, estas “faltas de respeto” hechas por jornaleros u otras personas se puede considerar como una respuesta y rebeldía ante un orden y un sistema al cual no estaban conforme. En fin, Fernando Picó cuestiona ¿somos todos en el fondo irrespetuosos? La respuesta es sí, ya sea a sabiendas o no. Puntualiza que la falta de respeto del subalterno es la que siempre se penaliza, pero no es la única que se comete, porque las personas que ocupan posiciones de poder y autoridad las cometen a cada rato y, sin embargo, no se les castiga.

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