Homenaje al ombligo

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Ningún poeta busca a otro pa’ escribir un libro, hay que estar enchufao. Todo fue
tan natural, tan dado, que un libro juntos parecía normal. El tenía treinta años y
ya era un héroe. Ese hombre está podrío de to’ lo que sabe. Homenaje al ombligo
fue un libro en que el poeta maduro era Lima, yo era una nena de veinte años.
Como él me llevaba diez años, yo confiaba en su trabajo y dejé que él se encargara de la publicación. No me acuerdo del nombre de la imprenta ni sé con exactitud qué problema tuvimos. Yo sé que Lima se enfureció, rompió con la imprenta y echó todos los libros que pudo en el baúl de su volkie. Pero la mayor parte de los libros se quedaron en la imprenta. Un día en La Tea se me acerca una mujer que después supe era Carmín Pérez. Se me acercó, agarrándome fuertemente de un brazo, y me dijo: “Ángelamaría Dávila”. Yo me pasmé. Todavía agarrándome del brazo, me dice: “Homenaje al ombligo”. Yo me quedé loca, perdida y sin idea. Resulta que el primer trabajo de ella al salir de la cárcel fue en esa imprenta y ella rescató los textos que pudo. Los fue regalando, al menos así circulaban. Me dejó unos pocos a mí, pero entre divorcios, mudanzas y jodiendas todo se perdió. Para publicarlo de nuevo tendrán que ponerle un cañón en la frente a Lima y otro a mí.

Folium