Viaje a la casita

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En estas calles la gente se las ha inventado desde siempre, buscándoselas en bregas cotidianas, con pequeños gestos de resistencia y sobrevivencia. Por ejemplo, ocupar solares baldíos para construir casitas y jardines donde crear lazos de solidaridad comunal. O como dice la gente de La Casita, para estar en familia. Hay que tener claro que si muchos imaginamos La Casita como un pedacito de Puerto Rico en el Bronx, así mismo se condensan allí las tensiones, los dolores, las jerarquías y las violencias cotidianas de la vida en el barrio. Esos lazos formados a golpe de güiro y pandereta sirven muchas veces para bregar con notas de plena que son muy profundas. Aquí hay cuentos de camino que se hacen plena y cuentos de camino que no se vuelven a cantar. Parte de la magia de esta yarda radica, creo yo, en esa familiaridad extraña con la que corre el tiempo en este espacio donde los problemas a veces se sienten a flor de piel. Los que son de aquí lo saben bien.

Año: 2016 | Páginas: 67

Instituto de Cultura Puertorriqueña