“Tacas” es como montarse en una montaña rusa de sentires y emociones. Es un desequilibrio balanceado en un vórtice infinito. Subimos hasta la cúspide de la montaña, poco a poco, casi nos hacemos parte de la resistencia de la fricción del carro al subir, la asfixia y la fatiga. Entonces allá arriba, por unos segundos respiramos y observamos, para luego dejarnos caer en caída libre al un infinito ansiado y desconocido. Es un reflejo casi pictórico de los “ires y venires” y los “sube y baja” de quienes vivimos en esta turbulencia dual. No puedo negar que en ocasiones, casi todas las ocasiones, me disfruté viviendo el “bajón” y anhelando a lo lejos el “subidón”, por aquello de puntualizar las incoherencias que nos calzan.

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