Fuentes energéticas: Luchas comunitarias y medioambiente en Puerto Rico

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Desde que se inició el proceso de desarrollo industrial a mediados del siglo XX, la economía de Puerto Rico se ha caracterizado por su dependencia en recursos no renovables para la generación de energía eléctrica. Hasta hace poco el combustible más utilizado casi con carácter de exclusividad era el petróleo Este combustible es el más vulnerable a los cambios en el mercado global, es decir, a las variaciones en oferta y en precios. La escasez o abundancia internacional del petróleo, los acontecimientos políticos, la puesta en marcha de numerosos tratados comerciales y las coyunturas económicas en los países exportadores del crudo han sido factores determinantes en el funcionamiento de una economía como la puertorriqueña, en la cual alrededor de 73% de la producción de energía eléctrica a mediados de 2008 dependía de la disponibilidad de ese combustible fósil.

La dependencia de la infraestructura de generación de energía eléctrica a base de petróleo se agudiza durante los años de las llamadas crisis energéticas. Los períodos de 1973 a 1976, los primeros tres años de la década de 1980, el periodo entre agosto de 1990 hasta mediados de 1991, así como la primera década del siglo XXI, revelan, en términos de sus consecuencias, que Puerto Rico no puede seguir confiando en la forma de producción de energía adoptada hasta el presente para enfrentarse a los retos que plantea el futuro.

La situación descrita, unida a diversos factores adicionales que serán evaluados en este texto, constituye el punto de partida para analizar la viabilidad y conveniencia de adoptar fuentes renovables de generación de energía. Es obvio que si los problemas relacionados con el suministro de petróleo han estado vinculados directamente a su naturaleza de recurso importado, no renovable, sujeto a las variaciones del mercado internacional, entre otros factores, los medios alternos que se propongan deben cumplir con el mayor número posible de los siguientes requisitos:

1.   Que utilicen recursos renovables.
2.   Que no contaminen el ambiente, o que su impacto sobre éste sea menor que en el caso del petróleo y de los demás combustibles fósiles.
3.   Que los insumos o recursos no estén sujetos a los vaivenes del mercado internacional.
4.   Que la energía eléctrica a producirse se genere al menor costo posible, y que tal costo sea competitivo con relación al petróleo y los demás combustibles fósiles.
5.   Que tengan la capacidad actual y potencial de abastecer una proporción alta de la demanda de energía eléctrica corriente y proyectada.
6.   Que generen empleos directos e indirectos como consecuencia de su utilización a diferentes escalas.
7.   Que las tecnologías hayan alcanzado un grado probado de eficiencia y que sean accesibles a la comunidad y a los sectores industrial-manufacturero y comercial.
8.   Que la evidencia científica sugiera que las tecnologías seguirán mejorando en términos de reducción de costos, de aumento en eficiencia y de impacto ambiental mínimo.

La lista anterior no pretende ser totalmente exhaustiva ni excluyente, por lo que podrían enumerarse criterios adicionales. No obstante, los anteriores son elementos críticos en las circunstancias energéticas y ambientales de Puerto Rico. Por otra parte, el país no es el único con la disyuntiva que se ha planteado. Durante las pasadas tres décadas la mayoría de los países que, como mínimo, han alcanzado cierto nivel de desarrollo industrial y tecnológico se han embarcado en investigaciones extensas y costosas con el fin de desarrollar fuentes alternas de generación de energía eléctrica que permitan sustituir eventualmente la dependencia del petróleo y de los demás combustibles fósiles.

Año: 2012 | Páginas: 480

Editorial de la Universidad de Puerto Rico