Mis piezas favoritas fueron el Umbral, El epílogo, el prólogo de Idalís, Cocinar me ayudó a ver la niñez de la autora como si fuera una película, y cómo cuando como feministas rechazamos esa rutina, perdemos una historia ancestral… Esa, junto a Velar la fiebre… fueron las más emocionales y visuales y viscerales para mí. Amé la hibridez de los textos… las etiquetas, poemas, ingredientes, los calces de fotografías… creo que hacen que el libro sea tridimensional. Hay otra cosa que hace el libro y es unir pasados, presente y futuros. La narradora sale de su cuerpo para usar la memoria y ver su vida como un “timeline” un continuo… no recto. Y eso se me hace muy interesante. Juega también con el reportar (documentar) objetivo y lo lírico. En fin, que veo varios lugares en los que intenta liberar el discurso de cualquier cosa que intente aprisionarlo. En fin, me lo he disfrutado mucho. Creo que es un libro que no captas completo en una primera lectura. Que me gustará leer unas cuantas veces más.